La oración que trae el viento ©Lidice Megla

De quién es esta voz,

This cinder tongue.

Vi (a bird with the mouth full of fire),

arder de dolor (como agujereado por la sangre), el poema

nacido del asombro, (sin mí)

quemándose sobre el cielo...



Y no me va a temblar la mano.


No llego con premeditación a escribir.

No espero al poema.

No me obligo a producirlo.

No fuerzo mi entrada en su universo,

más bien, me dejo invitar...

No ando en busca de temas preestablecidos

(aunque no niego que hay hábitos de trabajo)

También pudiera ser de otra manera...pero aún no me temblaría la mano.

Hay en el poema una voluntad de traducción de los filtros del autor,

una compulsión a la que estamos sometidos,

por eso, no debe temblar la mano al trascribirlo

por eso, cuando llega a horas dispares,

desde diversos mundos,

y te mira el alma y se te clava entre los dedos,

no puede temblarte la mano;

eres el hilo de salvación,

el salvoconducto.

La mano del poeta debe ser frondosa y fuerte;

árbol que reciba

al poema viajero que se entrega a descansar en tu papel,

El poeta debe llevar esa cualidad de la esponja que absorbe y se queda, aunque se diseque.

Mano mutante del poeta, se amolda, y adapta.

¡Temblar, jamás!

Fotografía © Lisbel González https://r.search.yahoo.com/_ylt=Awr9Im6r4IVgERkAdh5XNyoA;_ylu=Y29sbwNncTEEcG9zAzEEdnRpZAMEc2VjA3Ny/RV=2/RE=1619415339/RO=10/RU=https%3a%2f%2fwww.amazon.com%2foraci%25C3%25B3n-que-trae-viento-Editorial%2fdp%2fB08JKYLY9N/RK=2/RS=r5MhBcv4.d7flLJKOmwWrMZ99ag-


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